Bajo este concepto se agrupa una serie de enfermedades de causa desconocida que causan daño hepático por acción de una reacción del sistema inmunitario del paciente. La diferenciación se hace según el lugar en que aparece la lesión principal. Si está en el parénquima hepático se denomina hepatitis autoinmunitaria y cuando incide en los conductos biliares se denomina cirrosis biliar primara o colangitis esclerosante primaria.
Es una enfermedad poco frecuente, más común en mujeres y en algunos grupos étnicos como la raza blanca y la población europea.
La hepatitis autoinmune es una enfermedad inflamatoria crónica, progresiva y potencialmente grave. Se desconoce su causa, pero se sabe que su mecanismo de producción implica alteraciones del sistema inmunológico de los pacientes que determinan intolerancia hacia su propio hígado. Se trata de un mecanismo complejo con una base genética en la que factores externos pueden desencadenar la enfermedad. Entre estos agentes podrían estar virus, medicamentos, toxinas aunque no se ha establecido ningún mecanismo concluyente.
El diagnóstico se hace después de eliminar otras posibles causas de daño heático como las hepatitis crónicas virales, entre otras.
La enfermedad se presenta de variadas formas. Desde algunas que no dan síntomas y que se diagnostican casualmente hasta otras con episodios de hepatitis aguda grave. En general, tiene un comienzo lento en el que aparecen síntomas como cansancio, pérdida de apetito, molestias abdominales. No son raras alteraciones menstruales o la aparición de acné.
Para confirmar el diagnóstico es indispensable la realización de exámenes de laboratorio y de una biopsia hepatica.
Un tratamiento adecuado permite mejorar el pronóstico en el corto y en el largo plazo. En alrededor del 65% y el 80% de los casos se logra la remisión de la enfermedad.
Tu hepatólogo será quien mejor puede explicarte los medicamentos que recibirás y el pronóstico de tu enfermedad.