El último marcaje de Anita Guzmán: 36 años de liderazgo con los pacientes en el centro
Este 31 de julio, el Centro Médico Bilbao despide a una de las enfermeras que ha dejado una profunda huella en la Red Ambulatoria UC CHRISTUS. Tras 36 años de trayectoria, Anita Guzmán inicia una nueva etapa, dejando un legado construido sobre el liderazgo, el compromiso y una convicción que marcó toda su carrera: los pacientes siempre deben estar en el centro de cada decisión.
Cuando Anita Guzmán ingresó a la Pontificia Universidad Católica, el 4 de marzo de 1990, nunca imaginó que ese lugar terminaría convirtiéndose en su segunda casa. Tenía apenas 25 años cuando llegó al entonces Hospital Clínico para integrarse al equipo de Pabellón. Venía de una experiencia laboral completamente distinta y enfrentaba el desafío de incorporarse a una institución reconocida por su excelencia.
Con el paso de los años, su propia vida fue cambiando y también lo hicieron los desafíos que asumió dentro de la Red. Después de formar una familia decidió trasladarse al Laboratorio Clínico y, más adelante, tras una breve pausa para emprender un proyecto personal, regresó a la institución para continuar una trayectoria que la llevaría a desempeñar distintos roles asistenciales y de liderazgo.
Mucho más que una trayectoria
Uno de los hitos que recuerda con mayor orgullo fue la coordinación del Programa de Tratamiento Anticoagulante. Junto al equipo médico lideró la implementación del sistema computacional que modernizó completamente el programa, reemplazando un proceso manual por una herramienta que, con distintas mejoras, continúa utilizándose hasta hoy.
Más adelante decidió asumir un nuevo desafío como enfermera volante, recorriendo distintos centros de la Red. Esa experiencia le permitió conocer nuevas realidades, trabajar con distintos equipos y prepararse para dar un nuevo paso en su carrera.
Primero fue jefa en Alcántara, luego en Marcoleta, más tarde en Irarrázaval y, finalmente, hace seis años llegó al Centro Médico Bilbao para liderar un proyecto completamente nuevo, coordinando distintas áreas y acompañando el crecimiento del centro desde sus inicios.
"Cada etapa fue un aprendizaje. Nunca imaginé todo lo que iba a vivir cuando llegué a la Católica", recuerda.
Un liderazgo que formó personas
A lo largo de estos 36 años, Anita fue construyendo un estilo de liderazgo basado en el ejemplo. La responsabilidad, la solidaridad y la integridad nunca fueron solo palabras, sino principios que marcaron la forma de trabajar de sus equipos.
Llegar antes de la hora de ingreso para preparar la jornada, organizar el trabajo con tranquilidad y recibir al primer paciente con todo dispuesto era parte de su rutina. Para ella, una buena atención comienza mucho antes del primer contacto con el paciente y depende de equipos comprometidos, preparados y responsables.
Ese liderazgo también dejó huella en las personas. Durante su carrera formó a numerosas enfermeras que hoy ocupan cargos de jefatura dentro de la Red. En su despedida, varias de ellas le confesaron que, cuando deben tomar una decisión importante, todavía se preguntan qué habría hecho Anita frente a esa situación. Para ella, ese reconocimiento representa uno de los mayores orgullos de su trayectoria.
Pero su exigencia siempre estuvo acompañada por la cercanía. Cada invierno tejía cuellos de lana para regalar a cada integrante de su equipo y, en las celebraciones, preparaba personalmente repostería para compartir con ellos. Gestos sencillos que reflejaban una manera de liderar donde el profesionalismo y la calidad humana iban siempre de la mano.
Los pacientes siempre primero
Si hay una convicción que atravesó toda la carrera de Anita fue que cada decisión debía tomarse pensando en los pacientes.
Los años trabajando con personas que convivían con enfermedades crónicas le enseñaron que detrás de cada atención existe una historia, una familia y una persona que deposita su confianza en el equipo de salud. Esa experiencia marcó profundamente su forma de ejercer la enfermería y también la manera en que lideró a sus equipos.
Por eso, frente a un paciente preocupado o molesto, siempre veía una oportunidad para escuchar, contener y encontrar una solución.
"Que todo el trabajo y la entrega hacia el paciente se haga con amor, nunca olvidando la responsabilidad y la calidad", resume al compartir el mensaje que quisiera dejar a las nuevas generaciones.
Una segunda casa
Al mirar hacia atrás, Anita reconoce que gran parte de su desarrollo profesional ocurrió dentro de UC CHRISTUS. Más allá de los distintos cargos que desempeñó, agradece la confianza que la institución depositó en ella durante todos estos años, permitiéndole asumir importantes desafíos guiada por su experiencia, compromiso y vocación de servicio.
Hoy, mientras sus compañeros la despiden, cierra una etapa convencida de que deja mucho más que una trayectoria de 36 años. Deja equipos formados, líderes inspirados por su ejemplo y una forma de entender el cuidado donde el profesionalismo, la cercanía y el compromiso con las personas siempre caminaron de la mano.
Al resumir su historia en una frase, no habla de cargos ni de reconocimientos. Simplemente sonríe y dice:
"Gracias por hacerme sentir que esta fue mi segunda casa."





































