Nuestras Historias: Julio Lillo nos habla de su constancia, comunidad y su gran triunfo en la Maratón de Santiago 2026
Su historia nos recuerda que los grandes logros no nacen de un solo día, sino de cientos de decisiones cotidianas: levantarse, perseverar, volver a intentarlo y seguir avanzando. Con humildad, disciplina y pasión, demuestra que siempre es posible superarse y que inspirar a otros puede ser tan valioso como cruzar la meta en primer lugar.
Con años de esfuerzo sostenido y una disciplina construida día a día, Julio Lillo, supervisor de bodega del Servicio de Laboratorios Clínicos, obtuvo el primer lugar en la categoría 50 a 54 años en la Maratón de Santiago 2026, logrando además su mejor marca personal en la distancia. Para él, este resultado representa mucho más que una medalla: es la confirmación de un camino recorrido con perseverancia, compromiso y amor por el deporte.
Su historia con el running
Comenzó después de los 30 años y tiene un lugar muy especial: el campus San Joaquín. Allí, al terminar su jornada laboral, empezó a entrenar junto a otras personas que compartían la misma motivación por correr. Con el tiempo, ese espacio se transformó en el punto de partida de una pasión que creció con fuerza y que lo llevó a perfeccionarse, aprender nuevas técnicas y convertir la actividad física en parte esencial de su vida. Julio, recuerda ese inicio con orgullo, valorando el entorno y las personas con quienes dio sus primeros pasos en este desafío.
Ese recorrido también lo ha llevado a participar en importantes competencias dentro y fuera de Chile. Entre ellas, destaca la Maratón de Boston, una de las pruebas más emblemáticas del mundo y a la que se accede por clasificación, además de experiencias internacionales como las maratones de Praga y Cali. Junto con múltiples podios en distintas carreras nacionales, estas experiencias reflejan una trayectoria deportiva construida con constancia y altos niveles de exigencia.
Su participación en Maratón de Santiago
Enfrentó la carrera con una estrategia clara: respetar el ritmo que había preparado y competir consigo mismo. En los kilómetros finales, cuando el cansancio ya se hacía sentir, recibió el aliento de un compañero de trabajo que lo animó desde el público. Ese gesto, simple pero significativo, le dio un impulso extra para seguir adelante hasta cruzar la meta. Horas después llegó la confirmación oficial de un resultado extraordinario: primer lugar en su categoría.
Detrás de este logro también hay una red de apoyo que Julio reconoce con gratitud. Destaca a su equipo de trabajo, integrado por Jaime Arias, Daniel González, Esteban Lecaros y Jorge Manlfer, quienes siguen sus competencias, le preguntan por cada desafío y lo motivan constantemente. También menciona con emoción a su familia, sus hijos Javiera y Daniel, su novia Alexandra quien también corre, especialmente a sus padres, a quienes suele regalarles sus medallas como una forma de compartir con ellos cada alegría alcanzada y a su grupo de running. Para Julio, ver la felicidad con que reciben esos reconocimientos tiene un valor tan importante como cualquier podio.
Más allá de los resultados deportivos, su experiencia deja una invitación cercana para toda nuestra Comunidad. Julio comparte que mantenerse activo, ordenar las rutinas y cuidar la salud puede comenzar con decisiones simples y posibles para cada persona. Correr fue su camino, pero el mensaje es más amplio: encontrar una actividad que motive, sostenerla en el tiempo y dar prioridad al bienestar depende de cada uno.





















